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De Quimeras y Ensoñaciones

Relatos Humoristicos

La brochita

Andaba yo muy liado con el frasco del typex, porque yo no me equivoco nunca, vamos, faltaría plus, que son los demás los que siempre meten la gamba y tengo yo que andar corrigiéndoles, y como yo no me equivoco nunca, pues casi no lo uso y claro, aquello que con el uso no se usa se agarrota, se pierde la costumbre, pues el Typex es ese botecito que lleva un tapón de rosca y del tapón le cuelga un pincel, introducido en un frasco de líquido corrector, para borrar las cosas mal escritas a boli y poder escribir encima, saben ustedes, que es pequeñito y tiene un tapón a rosca y que si no le echas diluyente de vez en cuando, se te pone dura , la brochita, y el abujero del bote se estrecha, se entapona con la solidificación del liquido blanquito corrector y luego no hay quien la meta una vez que has podido sacarla, la brochita, digo, porque los pelos se te abren de piernas todo tiesos ellos, los pelos de la brochita, y tú erre que erre, a intentar meterla por todos los medios, empujando y empujando, pero como que no, que lo único que consigues es que ella se abra más de piernas, la brochita, y no consigues nada más.

Así que tienes que recurrir a tu compañera de trabajo y preguntarle si tiene diluyente y ella tan amable te dice que si y se ofrece voluntaria a ayudarte, a ver si entre los dos sois capaces de meterla, pero como yo estoy agobiado de tanto esfuerzo, ella se lo va a hacer sola, pues ha terminado su trabajo del día y le sobra tiempo, pero a ti no, que estás hasta las narices de perder el tiempo con el fluido corrector, con tanto intento de meter y sacar y que no hay manera, pero como en el mundo aún tocan mujeres buenas, que se ofrecen voluntarias a ayudar, pues mi compañera de curro me resolvió el problema, con su diluyente.
Cuando me entregó el bote del Typex..
¡Qué gusto!
!Qué gozo!
!Qué joyita de mujer que tengo por compañera!
Se le había abierto el agujero, lo tenía todo limpio, ni un solo pelo fuera de su sitio, se la metía y se la sacaba con un placer sensual, la brochita, toda limpia, aseada, el agujero todo desatrancado.
! Pero cuanto valen las mujeres !
!Qué haríamos los hombres sin ellas!
Y el liquido ya no estaba granuloso ni pegajoso, no tenía grumos, salía limpio y blanco, fluido.
Para terminar de finalizar el proceso, mi compañera lo agitaba arriba y abajo, arriba y abajo, usando a veces el dedo gordo y el índice y a veces toda la mano.
!Que bien sabía agitarlo!
Y todo lo hacía por mi, que andaba agobiado de trabajo y ella me relajaba del agobio
!Que bien sabía agitarlo!
Y todo para que yo luego pudiera meter y sacar por el agujero el líquido blanquito.
Mientras ella lo agitaba, sonó el timbre del teléfono, ella lo cogió con una mano, y con la otra el bolígrafo y papel , así pues que al no tener más manos libres, y ser una mujer tan eficiente en todo lo que hacía, me lo cogió con la boca para poder seguir agitándolo.
!Que eficiencia de mujer! .
Y el liquido blanquito salió todo él tan contento a hacer su trabajo.
Uno tiene siempre que corregir lo que no son otros capaces de hacer, ya que me pregunto yo si mi compañera de trabajo será tan eficiente con su marido cuando llega a casa.

¡Que trabajo más duro que tengo!.

un paréntesis de humor

Se abre el paréntesis

Un paréntesis de pretendido humor sin pretensiones.

Es un entrañable loco de pelo blanco que hoy me ha dicho que iría a ver al Secretario para pedirle que le dejen marcharse a las doce y media del trabajo porque el partido de fútbol empieza a la una, ya que se juega en Japón y es la final de la copa Intercontinental, (ya empezamos a hacer publicidad gratuita de la emisora de radio que escuchas por las mañana) lo que realmente quería decir es que quería ver a la secretaria del Secretario. Estaba de guasa, claro, igual que cuando le tira de forma sutil los tejos a la secretaria del Secretario. Y mira que está buena la secretaria y está malo el viejo, que hace un mes le dio un arrechucho que a punto estuvo de llevárselo al otro mundo, pero a ese viejo loco entrañable le hace tilín la morena, y la grita piropos cada vez que la ve pasar, y mira que es simpática la tía, y mira que es cachondo el viejo, y eso que el médico le ha dicho que no debe excitarse, pero esa morenita, con ese meneíto, con esas piernas blancas blanditas, tras las que se van los ojos del loco, y llena de babas el suelo y de todos, de todos, no sólo del viejo, diantres, le hace subir las pulsaciones de su dañado corazón. Si no le mata el fútbol, lo matarán las mujeres.
Que no me entere yo que ese culito pasa hambre, es su frase preferida, y no por repetida pierde su gracia al decirla, ni la sonrisa de ella al mirarle con ojos de nieta hacia un abuelo, pierde su comprensión y agradecimiento. La secretaria del Secretario iría al fin del mundo con aquel simpático viejo. Y es risueña, alegre, desenfadada, bromista, atrevida, sin complejos en un corro de hombres, en un circo de machos, nada huraña como la otra, la rubia desteñida, su secretaria, bajita y regordeta que siempre la acompaña, con cara de guau guau y a la que nunca se le ven las piernas.
La secretaria de la secretaria del Secretario considera a aquel viejo un viejo verde y a los demás unos brutos y ellos la consideran a ella una antipática cretina estirada con un genio de mil pares de narices, nada de genio de lámpara maravillosa, ¡Ojalá!. De ser así, le pedirían el deseo de transformar a la secretaria de la secretaria del Secretario en otra secretaria del Secretario, para tener dos morenitas simpáticas repes paseando por los pasillos.
¿Y que me decís si os digo que el viejo loco entrañable estaba enamorado secretamente de la secretaria de la secretaria del Secretario y no de la secretaria del Secretario? . Pero como a todos les parecía horrible, el viejo les seguía la corriente, no la eléctrica, donde un día hace años, quedo pegado y le despegaron medio chamuscado, ni la del río, donde pescó una trucha con cuya espina casi las espicha, sino la otra, la de seguirles la opinión.
Un día que no se trajo las gafas, el viejo se equivocó de puerta en los aseos y entró en la de mujeres. Eso sólo le pasaba cuando no traía las gafas. Mientras hacía de vientre, las dos mujeres entraron. Olía mal. Puf. Muy mal. Apestaba. ¿A que olía? . Je,je. No lo diré. Y ellas se asomaron al espejo a estirarse las cejas de abajo, ¿O eran las pestañas de arriba? . La cuestión es que entraron a estirarse y hablaron. El viejo tembló. Joer, estaba con los pantalones bajados. ¿Qué hacían en los servicios de caballeros las secretarias? . Escuchó.
- El del pelo blanco es muy simpático – era la voz de la secretaria del Secretario – muy cachondo y un poco chalado, pero …
- Yo creo que está loco – oyó decir el de los pantalones caídos a la secretaria de la secretaria del Secretario – y es un grosero soez y descarado, un bruto.
- Pues yo diría que te mira con ojos de gato degollado, no es así, con ojos de cordero escaldado, tampoco, de gallo espeluchado, bueno, con ojos de eso. Con ojo de oso. Desesoso. Desesuso. Desasusado. Desaseado.
- ¡Deseoso! .
- Eso. Te mira Deseoso.
- Otra vez sigues con el mismo tema. Ese vejestorio acabará un día de estos yendo a criar malvas y pa mi que quizá tú tengas algo de culpa, eres mi jefa y no puedo decir las cosas muy claras, pero como amiga te diré que a tu lado, soy un perchero y tú con esa pechera, ¡Que pecho!, pues eso, si las espicha, algo tendrás que ver tú y tus témporas, que el viejo no es de témpano y las mira, y el culo también, aunque va de culo si se hace ilus, porque lo que es a mi, verme no me ven nada, todos los ojos están en ti.

Y el viejo, a todo esto, cagando.

- Pues yo juraría que tú también, a pesar de tus peroratas – Y el viejo se tiró un pero, digo, un peo, silencioso pero oloroso – le miras con ojillos vidriosos al viejo canoso.
- No.
- Si.
- No.
- Soy tu jefa.
- Vale. Pero al viejo no me lo tiro.

Y el viejo, tiró de la cadena.

Las dos secretarias, al oír que no estaban solas, salieron de los aseos precipitadamente, dejando el lápiz de labios encima del lavamanos. Cuando regresaron a los diez minutos, esta vez a colorearse con los rotuladores de la oficina, vieron un mensaje escrito en el espejo que rezaba ( aunque aquello no era nada religioso) :

A los viejos no se les tira por el retrete, para tirar está la cadena.
Y estaba firmado.

Se cierra el paréntesis.

La princesa Teresa y el sapo Espartero

Erase que se era una maestra de escuela, por más señas, muy fea, una tiza resbaladiza, una pizarra con mucha marcha. ¡Arza morena la pata! . Que quiero verte la pierna, la entrepierna . Jate tú, que moderna, dice entrepierna, ya tá bien, comienzo el cuento y no prometo que si no os gusta me vaya a cortar las venas. ¡¡ Ay que pena, penita pena ¡!

Teresa la marquesa, tipití, típiTeresa, tenía una corona, tipití, tipitona, con cuatro monaguillos,
tipití, tipitillos, y un cura sacristán, tipití, tipitán.

La princesa Teresa vivía en un castillo de ladrillos de oro , suelos de cachemire, paredes de seda fina y a la muy ladina sin embargo, le faltaba algo.
¿Sería quizá entrar en Gran Hermano? – Amos Anda baranda –
¿Sería quizá atravesar el Ebro a nado? - ¡Que hay muchos puentes, so pazguato ¡
¿Sería quizá adoptar un perro o un gato? – Eso ya lo hacía todos los días, Señora María, de pies calientes y manos frías.

un, dos, tres un pasito pa' lante María
un, dos, tres un pasito pa' atras
Ella es como un pecado Mortal
que te condena poco a poco
Ella es un espejismo sexual que te vuelve loco, loco
Así es María blanca como el día

¿Sería quizá aprender a tocar el saxo? - ¡Que sofocón, creí ver con e !
¿Sería quizá aprender italiano ano ano? – Acertaste hermano. Aprender italiano. Ya, claro, con tanto Romano suelto , ella quería, la tía, entenderse con los leones del circo romano pa que no se comiesen a los cristianos y ya de paso adoptarlos, a los leones, no a los cristianos.

Un día de abril paseando por el jardín, encontrose a un sapo descansado boca abajo.
-Eh tú, bicho feo, largo de ese camafeo-
-man Io poco parlo spagñolo, mamma mía, Io soi Italiano.

¡¡ Un sapo que habla italiano ¡¡. La princesa Teresa se quedó patitiesa.
Era lo que andaba buscando.

-Ranita bonita, minino lindo, ¡¡Ay que cosita mas preciosa osa osa¡¡ . No os marcheis, acercaros. No os preocupeis, que no voy a acariciaros. Me dais asco (esto último, claro, lo dijo por la bajo) . ¿Cómo os llamais? .
-Soy un sapo espartero , Italiano, desde Turín crucé el charco a nado pa veros a vos, princesa Teresa, pues de vos estoy enamorado.
(Acá se oye decir un “ ¡¡¡¡¡ Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh ¡¡¡¡¡¡ “ muy alto y también un “Cursi más que cursi” y también un “jajajajajajajajajajaja, un sapo enamorado” y además un “ ¡La cagaste Burt Lancaster ¡ a otra nena con esa lisonja panameña” )
Casi del susto, los pelos de arriba, los de arriba, eh, los de arriba, los de la cabeza de la princesa Teresa se cambiaron de color y viraron momentaneamente a negro kunta-kinte, aluego la princesa Teresa se carcajeó delante de las cejas de sapo Espartero y no le mandó a freir espárragos por que era Italiano, y no le achuchó a sus perritas gordis, guau guau, porque no merecía la pena, que sino…,
Dale alegría a tu cuerpo Macarena, Que tu cuerpo es pa' darle alegria y cosa buena .

-Sapito bonito, sapito bonito, yo te quiero bien, tú lo sabes. Amos, sin mas dilaciones, al grano Mariano, yo lo único pa lo que te quiero es pa aprender italiano.
-¿Y no me darías ni tan siquiera un besito chiquito chiquito de la calzada hada hada?
-¡Que no jo.er¡ ¡Que no¡
-Pues con viento fresco, arrivererchi, cruzo el Ebro a nado y baibai bambina.
-Espera sapito bonito, ¡¡ Hagamos un trato ¡¡
-Te escucho, pero antes, llama a tus chuchos y delante de ellos sellemos el pacto, que de ti me fio menos que de un cubito de hielo en el microondas, ¡Que vengan las gordas!

Os resumo, mientras ellos toman su zumo, el pacto al que llegaron: “ Estamos en abril, y desde aquí hasta diciembre, el sapo Espartero le daría clases a la princesa Teresa de Italiano, y llegado el día 7 de diciembre, por su cumpleaños, la princesa Teresa le daría a cambio un besito muy chiquito al sapo Espartero en los morros”
Y los días pasaron muy despacio. El sapo tan feo. La Teresa tan dispuesta a aprender Italiano y un día llegó el 7 de diciembre. La princesa ya había aprendido Italiano, incluso se fue a Turín a entenderse con los milaneses que hablaban en veneciano ano ano ano, jejeje. Y ese día de cumpleaños el sapo exigió hacer cumplir la promesa. Y Teresa que se hacia la sueca. Tejiendo hilos de oro con la rueca, jugando a las muñecas, tomando té con fresas y haciéndole ascos al sapo.
Una promesa, es una promesa, querida princesa, si no la cumplís, el Bisbal vendrá y os cantará Bulería, bulería. ¡Vaya castigo divino¡ Antes beso a un sapo apo apo.
Y dicho y hecho, el sapo Espartero saltó al brocal del pozo y allá esperó.
En un tris tras estuvo la princesa de tirarlo dentro pa jogarlo, pero los sapos son de agua y saltan cual piojo, saldría del pozo y … además el Bisbal, uf, eso ni soñarlo. En fin que sin más preámbulos le dio un beso, así, sin desearlo, amos, y ….
TaTaTaTaTaTaChiChiChiChiChinTaTaTaTaChero
El sapo Espartero se convirtió en un apuesto Príncipe, todo un señor caballero, un caballero de los de lanza en astillero, rocín flaco y galgo corredor, si señor, si señor.
La princesa Teresa, ni cortada ni capuchino, ni sin leche, le atizó un mordisco en … Bueno, esto ya dejémoslo pa la intimidá.
Y sabido es que todos los cuentos acaban en boda y como aleí por ahí escrito, antes del prózimo 7 de diciembre, una maña con moño y un italiano con redaños celebrarán esponsales y a los demás nos darán por toas las marsupiales.
Y adoptaron a los leones del circo, a los gatos callejeros, a los perros de la perrera . Jo, tio, la repera.

El apatito antiestético

Erase que se era un día de primavera en la ribera, junto a una verde pradera, con un puente de madera un patito de goma amarillo vestido de franela.
Ey, ey, ey, ¡Riau, Riau, Riau¡ ¡Que hemos ganao la copa del meao, los que han perdió se la han bebio¡

Dejemos las bolas y vayamos al cuento del apatito, tres, dos, uno, zero … Comenzando.

Amá pata había hecho su nido orilla del arroyo una fermosa tarde de primavera era era.
-Eztos patitos tardan un huevo en salir der cascarón-dijo-
¿Un huevo?, ¿tardan un huevo? , pero si es de un huevo de donde salen y además las hembras patos no tienen huevos, los huevos solo los tienen los machos, pero las patas ponen huevos aunque no los tengan y los patos, que tienen huevos nos los ponen… ¡Manda huevos¡ , los machos siempre tan machistas, tienen huevos y no los ponen.
¡Que ingenua la pata¡ ¿qué no sabía que hoy en día los hijos no se van de casa por curpa que los pisos son tan tan tan caros? ¿cómo iban a salir del cascarón?
Por fín los patitos golpearon el cascarón con el pico hasta romperlo y salieron al peligroso mundo del pato, … el pato a la oraaaááaannnge. (osea, pato a la naranja)
-Que grande es el mundo-decían-
No te fastidia, después de haber estado metidos en un huevo, astrujaos cual currito en el metro de Madriz en hora punta, ó de sardina en escabeche enlatada, que ostras cosa iban a decir, pos eso, “Ostras, que grande es el mundo” .
A ver, a ver –dijo amá pata- un, dos, tres… y la Calabaza Ruperta, cautro…, y el otro patito y… ¡Me falta un huevo¡ . ¡Ande andará¡ ¡Ande andará¡
Míalo, míalo, míalo, la puerta de Alcalá, míalo, haciéndose el remolón en el colchón el muy ca… , el muy patito.
Acercose una vieja puta, quiero decir, pata, pata, una vieja pata y díjole a amá pata:
- pa mí, que ese huevo es de un pavo, por lo grande que se le ve, a ver niña, ¿tú con cuantos te has acostado? .
- Uy, yo…, esto…, no…, que no…, eh…, que no, que yo … que yo soy mu pata pa meter la pata.
Y ahí quedó la cosa osa osa.
Y amá pata siguió incubando aquel huevo tan grande, que vaya usted a saber que carajo tenía dentro, algunos comentaban que el Steven Spielberg, se lo quedó olvidado al rodar el parque jurásico, pero eran comentarios sin malicia ni acritud.
Y empollando empollando (que el pato iba a traer matricula de honor debajo del brazo, en vez de un pan) una mañana calimero salió del huevo.
-Se puede, ¿quién da la vez?- dijo al salir-
"Éste no es un pavo", pensó mamá pata al verlo caminar. "Pero es tan grande y feo… Bueno, al menos se que su papá no es pavo pozo, mi galán, estaría de más. Debe ser una mutación de los pestizidas del río, no se hable más.
Y amá los llevó al rio, ¡plas¡ ¡plas¡ ¡plas¡ ¡plas¡ (era el ruido del chapoteo de los patitos al entrar al agua), y después de nadar a presentarlos a la familia en el corral:

-Háganle la venia a la gran puta mayor, (pata, pata, pata, pata. Cien veces escribí pata y va y se coló puta, jo.er)-dijeron en el corral al verles llegar-
Y todos le hicieron la venia. Que no se lo que es, pero debe ser una nueva postura asersuar,
En esto que se acerca el pavo pavoneándose y mirando ando ando con un ojo tuerto al patito feo, me va y me exclama :
-¡Nunca había visto un patito tan grande y feo! -graznó.
Ahí comenzaron los problemas del patito feo. Que además era gordo y con apetito, pues se comió allí delante del pavo un gusano ano ano que imprudente se atrevió a pasar y va el pavo y le pone mote: “tiene apetito el patito feo, vaya apatito antiestético que tas hecho, jomio”

Todos lo trataban mal porque no era como los demás. Los otros patitos lo golpeaban y las gallinas lo picoteaban. Eso era lo insufrible, las gallinas, ¡¡Ser picado por gallinas!!
¡¡Ni que fuese grano de trigo o gusano lombriz ¡¡
El pobre patito feo se sentía muuuuuuuu triste. A medida que pasaba el tiempo, las cosas empeoraban.
Nadie lo quería porque era diferente.
Es que este Nadie es un cielito, … ay, ay, ay, ayaayayayayayay, caaaaaaaanta y no llores, porque cantando y cantado, cieeeeeelitoooooo lindo, se aaaaaaaalegran los cooooorazonessss.

Lleno de picotazos, chichones, moratones, cardenales, obispos y arzobispos, el apatito antiestético se cagó en diez y jarto hasta la jartura de tanto ajuante, juyó del corral las gallinas y juyó, juyó, juyó, juyó muuuu lejos hasta llegar a un patano con n intercalada, pues sin ella al pato no le hubiesen admitido, pues disía, pata no, pata no, y era pa n tano, a ve si sabemos escribí, y allá conosió a dos patos sarvajes que le invitaron a quedarse a pesar de ser un patito tan antiestético y pasarón los días y allá era contento el apatito, lejos de los picotazos azos azos de las putas gallinas, a pesar que los patos salvajes eran distintos y le llamaban Clumsy, que es decir, torpe, y acertó a pasar una bandada ada ada de gansos hasiendo gansadas y le invitaron a visitar su lago. El apatito antiestético movió sus alas pa volar y … Pim, pam, pum,…. premio para el nene y la nena, que alegría, que alboroto, otro perrito piloto, y además la especial, la chochona pa´l caballero la escopeta, …dos gansos calleron con la pata tiesa de sendos tiros de perdigones, y dos fieros perros, guauuu, guauuu, salieron tras los juncos, en su fauces atraparaon a los gansos y tambien vieron a apatito to temblando y no le hisieron ni el mas puto caso de lo feo que era. Eso le salvó.
-¡Qué suerte! -exclamó el patito feo, jadeante-. Soy tan feo que ni siquiera los perros me quieren. (Ya se sabe, la suerte la guapa la fea la desea ó consuelo de muchos, consuelo …, )
El patito feo pasó llorando to el día escondido entre los juncos la muerte de los gansos. Cuando los perros se fueron y ya no hubo más disparos, tonces, salió del agua y despidiéndose de los patos atos atos salvajes, corrió por el bosque. Allá encontrose una casa, en la casa una vieja, en la vieja una gata, en la gata una gallina y la vieja pendeja le invitó a quedarse por esa noche, pero púsole una condisión, si quería seguir con ella tendría que saber ronronear y poner huevos. Pero era pato, no gato ni pata. Y se fue de nuevo tarareando una song a conocer mundo “ Tachín, tachín, tachín, Mucho cuidado con lo que haceis, Tachín, tachín, tachín, A Garbancito no piseis” . Hay interferencias, se ha colao otro cuento.
El apatito antiestético llegó a un gran estanque, donde pasó los días nadando bajo el sol. (En un país multiculor, nació una abeja bajo el sol, Mayaaaaaaaaa, yo te quiero Maaaaaaya, maya, mayaaaaaaaa) En cierta ocasión, pasaron volando unas aves de cuello muy largo. ¡¡Son jirafas ¡¡ ¡¡ Jirafas volando ¡¡¡

Los vientos helados del invierno congelaron el estanque. Era imposiol soportar tanto frío.
Por fortuna una una, un campechano ano ano campesino que pasaba por allí salvó al patito de morir, y lo llevó a casa, pero tenía dos cafres, si, con a, cafres con a, no con o, no cofres pa guardar monedas, si no dos cafres, dos hijos que les gustaba coger al pato del cuello y estirárselo cual chicle de menta, y lo sacaban de paseo cual perro faldero, jo, y lo que más le jodía era que con eso de ser faldero, le habían dracunizado, y transsexuado y afeminado, pues una farda le habían colgado, continuamente mente mente y claro, el apatito antiestético se cabreaba, y con razón, que no hay derecho, hombre, por mu feo que sea uno, no hay derecho, que ser abogado es muy duro, es mejor estudiar torcido, que de derecho hay a patadas, a patadas le das a una piedra y sale de debajo un abogaoo.
Que protesto señor juez, que a un pato mu macho al que le cuelga el badajo no se le tapa con una falda de nena, eso si que merecería una pena de condena, ese maltrato tan despiadado.
Y eso, que al llegar la primavera siguiente el pato ato ato se escaqueó y volvió a huir . Una buena mañana, extendió las alas para sentir mejor el calor del sol. Que por cierto, le habían crecido un porrón y casi sin darse cuenta, empezó a volar y llegó hasta un jardín con un gran estanque en medio. Tres fermosas fabes asturianas blancas, de esas que producen flatulencia, flotaban con elegancia en el agua.
"Voy a graznarles" se dijo. "Quizás me rechacen por ser tan feo, pero prefiero eso a que me picoteen las gallinas o me encasqueten una farda escosesa desas".
Se deslizó hacia las fabes e avergonzado por su fealdad ante aquellas tres fermosuras de criaturas blancas inclinó la cabeza.
¡Sorprendido, vio en el agua el reflejo de otra fabe hermosa!
-¡Miala, hay otro cisne! -dijeron unos niños que observaban el estanque desde la orilla-. ¡Es el más lindo de todos! ¡Venga, vamos a tirarles piedras¡
Pero el padre se lo impidió. Jo, menos mal que estaba el papa, sino, me lo escalabran.
Al patito feo, que no era un pato sino un cisne, se le llenó el corazón de inmensa felicidad. ¡Al fin había encontrado su hogar!
Y un día le mandó un emilio a su familia y por camara webs, con conexión vía satélite en directo, y una pantalla alla alla en gigante que habían instalado en medio de la granja gallinas de amá pato, el apatito antiestético les juró y perjuró que no se había sometido a cirugía, que todo era natural, y pa probárselo a todos, se puso a volar, pa que todos vieran, que en los aviones, si hubiese llevado silicona, ya le habrían esplotado.
Amá pato se convirtió en la amá más feliz, siguió teniendo relasiones de distinto tipo, pues le nacián de los huevos gansos, pavos, gallinas, cisnes, aunque ella seguía afirmando que era debido a las mutaciones por la contaminación del rio, y yo es que me rio, si si, me rio, jajajaja, y el cisne encontró a una cisna y tuvieron muchos cisnitos que de chiquitos eras feitos y eso, queso, con cocacola que ya no doy más pie con bola.
Y colorin colarado que es como me he puesto de la vergüenza que me ha dado contarlo, este cuento se ha san acabado

Las dos hijas

Erase que se era un papá con dos hijas muy feas. El papá era la repera, las hijas unas pijas, que un buen día se hicieron la cirugía, la estética, patética, en una clínica con suelos de cerámica y gracias a que la mamá era rica, aunque el papá fuese un crápula que en prostitutas el dinero se gastaba, no había cuernos, dejémoslo claro, que era separado, mejor que eso, divorciado.

Y las feas hijas dejaron de serlo con el lifting, la liposucción, la silicona, las hormonas, proteínas liposolubles, vitaminas antioxidantes, antiestresantes, y antidesrratizantes, todo acabado en antes, pues antes eran feas y ahorita ya casi princesitas itas itas.
La mamá era rica y pagó la operación, pero de acá ya más no pasó, pues a las hijas educarlas quería en hacerse a sí mismas y la bola al papá pasó, y con la custodia de ellas, el hombre, a pesar ser el pobre, se quedó, aunque la mamá su buena pensión les pasó, y mamá se fue a hacer las américas en compaña de su aya y de su 69 avo flamante nuevo amante, capitán de un yate. Partieron de la costa de Alicante y de aquí en adelante poco más supimos hasta el final de semejante espécimen viajante.

El papá terminó de educar a sus hijas sin más, y va y les larga : “A casarse, niñas, y a mi me dejen en paz, o arrejúntense, lo mismo da, pero de casa os vais a largar, ¡¡ Pero ya ¡¡ , que libre para mi sólo ha de quedar, ¿oísteis?, Pues ya me estáis tardando, que lo quería para antes de ayer antes del amanecer”
Las hijas NPC (ni puto caso) le hacían, pues papá cocinaba, lavaba, compraba, y ellas en el sofá viendo Gran Hermano y de vez en cuando roncando, cotilleando, brujuleando, haraganeando, ensuciando y criticando, pues a la hora de papear al papá le decían cuan salado la sopa estaba, ó que quemada había salido, o que mala estaba la ensalada, o que fría la tarta de manzana, ó que cruda la carne estofada. Osea, que ellas, encima, se mostraban todas enfadadas con papá por ser cocinero remilgado, al que tan sólo la fabada, y de bote, le salía en su punto y agradaba el paladar de las muchachas, aunque más tarde flatulencia les provocara.
Y pues eso, que hartito de estas dos pelagatas de hijas que andaban todo el día en alpargata, con el mando de distancia entre sus faldas, las echó de casa, si, si, así como suena, morena, las echó de casa porque era suya y con el gato hacía lo que quería.
Viendo el panorama que se les presentaba, la una, se agenció a un maromo que era agricultor de los que conducen un tractor amarillo
¡¡Tengo un tractor amarillo, ¡¡
¡¡ Queeeeeeeee ‘s loque se llevaaaaaaaaaaaaa¡’hora ¡¡
¡¡pa, papa, para pa pa ¡¡
¡¡ Tengo un tractor amariiiiiiiiiiiiiiiillo, ¡¡
¡¡ porque ye la ultima moooooooooooda. ¡¡

¡¡ Hay que comprar un tractor, ¡¡
¡¡ ya lo decia mi maaaaaaaaaaaaaaadre ¡¡
¡¡ que la forma mas baraaaaaaaaaaaaata ¡¡
¡¡ de tener descapotaaaaaaaaaaaaaaaable. ¡¡
¡¡¡ Pa, papa, papa. ¡¡

Con el tractorista (menudo trasto el tractorista) se arrejuntó y la otra hija pija se agenció a un ceramista de los que hacen ladrillos de cara vista y no vista para las chozas de las cabras lo cabritos y los ca. los ca. los cabreros . Jo.er, que ez que toi mezclando tiempos antiguos con modernos. Los cabreros con obreros y albañiles que con sus chapuzas a destajo ganan más que Ronaldo currando de delantero.
Pues eso, chocolate hueso, que el papá se libró de los parásitos garrapateros chupasangres draculines de su hijas y parientes afines (entiéndase la suya mujer viajera, que aunque rica y heredera, era una pelma) , y le puso tres velas a la virgen de Lourdes por tal tamaño milagro acaecido, cuando pa viejo ya iba y la libertad tenía.

Y un mal día, el papá subió al cielo, Jo, ¡¡Que pena¡¡, se murió porque eligió no ser sensillo, odiaba la sensillez y el día anterior, yendo de visita, las dos hijas pijas, que ahora andaban medio bien, no es que cojearan o fueran hiciendo la S del bogacho, borrachuzo, mamoncente, no, sino que les iba bien la cosa, al ver al papá vivir a su anchas, pero en humildad, le dijeron aquello de : “Jo, papá, que sensillo vistes, que sensilla tienes la casa, que sensilla es tú vida desde que nosotras nos fuimos”, y el papá que escuchó la cansión de Isabelita, la del festival Eurojunior de`ste año y le hizo caso … ¡¡ Antes muerta qué Sencilla ¡¡ ¡¡Antes muerta qué Sencilla ¡¡ ¡¡Qué sencilla ¡¡ ¡¡ Qué sensilla ¡¡ y la hizo caso, se murió antes que sus hijas volvieran y le volvieran a tachar de sensillo. Y Subió al cielo. Y en cielo no le quisieron. Bueno, si, pero no, a ver, que si le querían pero antes podía elegir, por ser un buen y sacrificado papá y un mártir y una víctima de sus hijas, podía elegir concederles un deseo, uno a cada una.
Muerto y todo regresó a su casa, nadie se había dado cuenta de su muerte por ser sencillo y encaminose a casa de su primer hija pija.
“Que tal te va la vita, hija mía” – Le preguntó- sin más, así, como el que va a robar un banco y dice, Manos abajo, patas arriba.
“papá, soy dichosa osa osa, tengo un amigo por compañero sentimental que no está nada mal, eso de ser amigo con derecho a roce, y hay mucho goce, y tal y tal, amos, que genial, no me puedo quejar, más, ya sabrás que hortelano ano ano de oficio es, y quizá tal vez, ahora es tiempo de que tenía que llover, para la cosecha en abundancia poder recoger, si llueve, pues la mar de bien, que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajarillos cantan, las nubes se levantan, que si, que no, que caiga un chaparrón, con azúcar y limón. Pues eso papá, que llueva sería genial”
Pos ya tá. Le pediría a San Pedro, cuando subiera de nuevo al cielo, que lloviera en gran cantidad para los huertos regar.

Y a la otra hija visitó y lo mismo le preguntó, contestole de esta manera tan fiera “ papá, papá, le quiero un porrón a mi marido, es tan fino, tan formal, tan educado, es la mar de resalado, soy muy feliz a su lado, la vida nos sonríe y no sé, sabrás que cocina ladrillos, salen muy duros y turgentes y para darles el toque final de estabilidad, un toque nuestro, de nuestra marca, necesitamos sol para que se cristalicen, los días de sol se cuecen solos y no necesitamos gastar en gas del microondas para cocerlos, tan sólo eso querría, días con sol, luminosos osos osos”

Ay vá, dijo el papá, que Jodías las tías. Si viven en la misma ciudad. Ja, Y reja jájá. ¡¡ Cullons¡¡ , no les puedo dar sol y lluvia a un tiempo a las dos. Y se los rascó, los Cullons.

Al día siguiente, transcurrido el plazo, ante San Pedro se presentó, las hijas pijas su cuerpo muerto enterraron y lloraron sin ton ni son, y como papá tenía dos deseos para conceder a quien quisiera y a sus hijas no podía ser por pendencieras y barriobajeras y de deseos contrarios tan llenas. ¿Qué podía hacer? . ¿perderlos?, uy, de eso ni hablar, con lo que le habían costado ganarlos, él, siempre tan sacrificado por sus hijas, alguna satisfacción habría de tener, así que pues los dos deseos pidió. Luego os los cuento cuales fueron.
Las hijas, una semana después, recibieron la visita de la mamá, pelín demacrada, descarada, desmaquillada, ajada, cejijunta, cariacontecida, entristecida, abatida, recaída, deprimida, acongojada, jurando sapos y culebras, gritando a los cuatro vientos su malahora, su desdicha, su malaventura y la primera hija la acogió en su casa, donde atendió a su madre a cuerpo de reina, al año siguiente le pasó la pelota a la otra hija, bueno, le pasó a la mamá, pero es igual, que era un embolao, y al siguiente año otro cambio de hija y así año tras año, año tras año, las hijas de la mamá cuidaban, la cual tendida en el sofá, el Gran Hermano veía, se gastaba los cuartos de las hijas en el bingo, bebía anís, se iba de juergas por las noches con Muy Buenas compañías masculinas, espectáculos de Boys, dirty dancing a troche y moche y alimoche . Osea, que la mamá pasó a ser como fueron las hijas, algo pija y despendolada, y las hijas a ser papá de su mamá. No sé si me expliqué, que vds lo entiendan bien. Ah, ¿qué no?, pues se siente, ajo y agua, no se repite el incidente, que me duele un diente.

Y ahora os cuento los deseos que el papá pidió “el primero, arruinar a mi ex, para que con sus hijas vuelva y el segundo hacerla vivir eternamente para que conmigo nunca vuelva”.

Que tal, os gustó la moraleja. Por mucho que lo intentes, nunca podrás complacer a todo el mundo a la misma vez.





Zapato Veloz.
Me miraste‚ con ojos de Gacela
cuando fui a visitarte en mi seiscientos.
Me pusiste‚ cara de pantera
cuando viste aquel coche tan pequeño.
Sabes bien que soy hombre de campo
y que solo tengo un descapotable.
Cuando llegue el próximo domingo
voy traerlo para impresionarte.

Tengo un tractor amarillo,
que es lo que se lleva ahora.
Tengo un tractor amarillo,
porque ye la ultima moda.

Hay que comprar un tractor
ya lo decía mi madre
que la forma más barata
de tener descapotable.
Pa, papa, papa.

Moza fina y de buena familia
tú prefires un chico de carrera
que tenga un automóvil extranjero,
buena paga y un chalet en las afueras.
Pero yo como vivo en el campo
solo puedo pasear con mi tractor.
Nunca pincha tiene aire acondicionado
y un meneo que te pone juguetón.
Tengo un tractor amarillo,
que es lo que se lleva ahora.
Tengo un tractor amarillo,
porque ye la ultima moda.

Hay que comprar un tractor
ya lo decía mi madre
que la forma más barata
de tener descapotable.
Pa, papa, papa.

Er sordao patachula

Erase que se era una vela en la casa de la abuela - ¡Como ardía la cera¡ - pues no hay más cera que la que arde, ande ande ande la Marimorena. Que meneíto tiene la nena de cadera, arsa esa niña guapa de largas melenas, arsa la Marimorena.

Había una vez un mocoso cabezón que su cumpleaños llegó, y el papá Santo Tomás, un juego le regaló, ni menos ni más que al perro Rantamplán, pero como comía en exceso natillas y flan, lo tuvo que descambiar y lo hizo por una oferta en carrecuatro de cinco x cuatro: Pagando cuatro sordaos te regalaban el quinto.
Eso, eso, chocolate hueso, como en la mili, que son los quintos:
“Quinto levanta,
tira de la manta,
quinto levanta,
tira del mantón,
que viene el sargento
con el cinturón”
Ja, pero que fiasco, en el paquete, a un sordao le faltaba una pierna, al otro la corbata , al tercero un zapato, al cuarto un brazo y el último tenía un ojo bizco y en el anaquel aquel donde ellos estaban, una toalla en la cual rezaba, ¡Mucho sexo perjudica la vista! ¿Sería por eso?, es que los otros cuatro eran también asmáticos, reumáticos y astigmáticos.

Lo fueron a descambiar, pero, ah, ni hablar, una vez el paquete abierto y de oferta, se han de quedar con el bulto, y como los cinco sordaos tenían su paquete en su sitio, mejor que el talegillo de un torero dicharachero, bien colocao, pues bebían colacao, del cambiazo, en el carrecuatro ni rogando, ni con el mazo dando les hicieron ningún caso.

Pues asín que vaya susto que se llevó el niño al ver su ejército diezmado, pero papá le dijo, muy ladino, que venían heridos de guerra y el mocoso para más fiabilidad, al sin corbata le mordió una oreja y se le calló un diente, al niño, no al sordao, que era de plomo.
Llevaban fusil y uniforme rojo y azul.
El mocoso los colocó sobre una mesa, con el cojo al frente, al que eligió de teniente, que se sostenía con una sola pata, igual de firme, que los otros con las dos y un cuarto y allá había más juguetes, había un encantador castillo-palacete que yendo para Albacete va y se la mete, molón de cartón y en la puerta abierta del mismo, oh, sorpresa con compresa, una linda mozalbeta con dos tetas y dos trenzas se mostraba de pie, cual azafata de feria, era de cartón, y llevaba un vestido de gasa muy ligera, tras el que se le transparentaban los tropezones de las témporas y una gran lentejuela muy brillante.
La jovencita extendía ambos brazos, como una bailarina de dirty dance que era, la muy hortera, ya que si fuera de madera, o de cera, dejaría de ser hortera y se convertiría en danzarina de primera. Y en su danza una de las piernas se alzaba tan alto en el aire que el teniente de plomo no podía verla , y suponía que a ella también, como a él, le faltaba una pierna. Consuelo de muchos, consuelo de … que pocos tocan al reparto y por eso no hay liberalización, pues los terratenientes se apropian del mismo, por lo tanto es falso, no hay consuelo de muchos, que el suelo está muy caro y los pisos regalados.

"Que titi más buena -pensó-. Pero ella es demasiado elevada, nada menos que azafata. Vive en un palacio, en tanto que yo sólo tengo una caja, y eso en común con otros cuatro sordaos . Tengo que tratar de relacionarme".

Y el teniente de plomo, se tendió detrás de una caja de rapé, -pero que no adivinaba el futuro, ni era extrafalaria, eh, ah, no, que ese es Rappel-, que había también sobre la mesa. Desde allí podía observar a la damisela, que seguía siempre en un solo pie sin perder en absoluto el equilibrio. Vaya pata más blanca, más tersa, más … amos que daba ganas de acercarse y echarle mano, hasta llegar al final del corbajo donde intuía la flor de un secreto guardada, pero desde allí tumbado, boca abajo, no acertaba a verle la flor, por mucho que se agachara, no le veía las bragas. Quizá no llevara. ¿Y si me acercara?.

Cuando las personas se retiraron a dormir, los otros soldados fueron guardados en su caja. ¡Que putada¡ ¡Que se joa el cocodrilo! .
Era la hora en que los juguetes juegan, y se divierten visitándose unos a otros; librando batallas o dando bailes. Cobrando vida. Incluso el cobrador del frac lo hizo. Los soldados de plomo muertos de asco en su caja, sin lograr levantar la tapa. Los cascanueces daban saltos mortales, y alguno se rompió un diente y el lápiz garabateaba guarradas en la pizarra.
Los únicos dos que no se movieron fueron el teniente de plomo y la pequeña bailarina, sin apartar los ojos de la flor de su secreto ni por un momento, por si ella se agachaba un poquito.

El reloj dio las doce... y ¡plop!, la tapa de la caja de rapé se abrió, levantándose bruscamente y salió un pequeño diablo negro, con un resorte, pues se trataba de una cajita de sorpresas.

-Soldado de plomo -dijo el diablo-, haz el favor de tener más cuidado con lo que miras, la bailarina, ni se toca, ni se mira, es mía. ¿Entendiste mequetrefe?

Pero el soldadito de plomo fingió no haberlo oído y le espetó, ¿Pero tú tienes estudios, piltrafilla? .

-¡Ah!, ¿sí? Pues ahora verás, pata chula de hojalata -amenazó el diablo- y una ráfaga de viento provocada por el soplido del monstruo orejudo con tridente estridente hizo que se abriera la ventana y después de abrida el diablo dobló su muelle y de un cabezazo, cual macho cabrío topón y cabr. al soldadito embestió, el cual salío rodando y cayó cabeza abajo desde el quinto coño del quinto piso sin dar un brinco, sin dar un grito, sin tan siquiera decir, por el culo te la hinco, como un corajudo sordao. Gritar si gritaron, la bailarina de pena, el diablo de satisfacción.

El teniente pata chula aterrizó sobre un zapato de un pazguato que paseaba a su gato, la bayoneta quedó encajada entre el dedo gordo y el rabo del gato, el pazguato tropezó y al suelo se cayó y al ver la causa de su aflicción, al soldadito cogió y lejos, el pazguato lo lanzó, unos críos lo encontraron : ¡Un soldadito de plomo! Le haremos dar un paseo en barco.
- ¡Mira que críos tan majos¡ -pensó el sordao- ¿Por qué no le dais el paseo a vuestros padres? .
Pero no le hicieron , pues no le oyeron, ni el más puto caso.

Y allá que va el teniente en su barco de papel, ¡Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela …¡
"¿Adónde iré ahora? –pensaba mientras pasaba por un túnel de madera-. Bueno, todo fue culpa de aquel diablo negro. Me topó, el muy cabr. , el muy cabrito de muelle contrito. ¡Ah!, si al menos estuviera a mi lado la muchachita del castillo, acá a obscuras, las cosas que haríamos, ya podría estar dos veces más oscuro, que no me importaría".

En ese momento apareció una gran rata de agua, que vivía en el túnel.

-¿Tienes pasaporte? -inquirió-. A ver tu pasaporte. ¿No serás Inmigrante ilegal? .

El soldado de plomo no dijo nada, pero aferró su fusil con más fuerza. El barco pasó de largo, pero con la rata detrás, muy cerca. ¡Oh, cómo rechinaba los dientes y gritaba: "¡Párenlo! ¡Párenlo! ¡No ha pagado derechos! ¡No tiene pasaporte! ¡No tiene papeles¡ ¡El contrato de trabajo¡ ¡El permiso de residencia¡"
Había entrado en el mundo alcantarillil y de allí viajó hasta el río.

El barco describió dos o tres círculos y se anegó hasta la borda; se hundiría sin remedio. El soldado de plomo, firme, en pie, gallardo, Miguel, con el agua al cuello, a donde también los huevos se le subieron, mientras el buque se iba a fondo con rapidez creciente. El papel se fue empapando más y más, y por fin el agua cubrió la cabeza del soldado. Glup, glup, glup, Oyes, a lo peor tengo suerte y me encuentro a la sirenita, que tampoco tiene patitas, sería una maravilla, pero quiá, na de na, él recordó a la bonita bailarina y a los malogrados polvos no echados, y a quien ya no volvería a ver más, y en sus oídos resonó un viejo estribillo:

A estirar a estirar que el diablo va a pasar, corre corre que te pillo. ¿Se estaría cepillando su enemigo a su bailarina de tersa y pierna fina?

Por último el papel cedió del todo, y el soldado se precipitó hacia el fondo. Y en el mismo instante fue devorado por un gran pez. Menos mal, rediez, que si no, se ahoga y muere cual reo colgado de una soga. Gracias pez, te debo una por esta vez.

¡Qué oscuro estaba su interior ! ¡Y qué estrecho! , más que un día punta en el metro. Pero calentito, como en el metro si te arrimas un poquito al cuerpecito de una moza primorosa, y el soldadito de plomo seguía tan impávido como siempre, tendido a todo lo largo, fusil al hombro, igualito que en el metro, ¡Que me ha metido mano¡ , uy, perdone, yo no he sido, y es bien cierto, no ha sido mano, ha sido con la bayoneta que cargada la llevaba. Y el pez se estaba cagando en todos los muertos del soldado, pues con su bayoneta le estaba pinchando las entrañas, cuando se supone que son los peces los que tienen las espinas con las que uno se atraganta.

De pronto el pez dio un brusco salto, al cual siguieron los más frenéticos movimientos. Disco bacalao y baches en la comarcal. Y finalmente quedó inmóvil. Cierto tiempo después, un resplandor como el de un relámpago llegó hasta el soldado. Se encontró una vez más a la luz del día, que penita penita pena, ¿dónde se habrá ido la morena que en el metro con su bayoneta…? y oyó a alguien que exclamaba en voz alta:

-¡Miren! ¡Un soldado de plomo! ¡Pero si es un pata chula¡

El pez había sido pescado, llevado al mercado, vendido, y traído a la cocina, donde la cocinera lo abrió con un largo cuchillo que a punto estuvo de sacarle el higadillo. La mujer tomó al soldadito con dos dedos y lo llevó a la sala, donde todos querían ver al militar que había viajado en el estómago de un pez. Lo pusieron sobre una mesa, y -¡asombro de los asombros!- ¡Patidifuso pitufo¡ se encontró en la misma habitación en que había estado antes. Vio a los mismos niños, y los mismos juguetes sobre la mesa, y también el hermoso castillo con la linda bailarina en la puerta.

La joven seguía manteniéndose sobre un pie, con la otra pierna en el aire y la flor de su secreto oculta, para más detalle. No había cambiado de posición. El soldado se sintió tan conmovido que estuvo a punto de derramar lágrimas de plomo, pero eso no hubiera sido propio de su condición.
La miró, y ella lo miró, ambos sin decir una palabra. Jo, en ese momento, se enamoraron, y ni flores secretas ni chorradas, ni metros ni bayonetas, ni sentimientos de compartir su cama, de domingos de futbol metida en casa, y dices que el amor igual que llega pasa y el tuyo se marchó por la ventana. Perales. Es decir, surgió el amor. Pero… Perro. Perrito. Perrillo. Perrita. Peritaje. Periquita.

En ese momento uno de los niños tomó al soldado y, sin razón ni motivo alguno, por puro capricho, lo arrojó al fuego. No hay duda de que el diablo negro de la caja de rapé fue quien tuvo la culpa, pues además de feo era teleesqui y teletiquismiquis y también telequisunodos y telequimeteysaca y por ende telequimimetico y telequimérico y telediurético y telepatético.

El soldado permaneció allí, entre las brasas, iluminado por las llamas, con un carbón entre la tercera costilla y el coxis
-¡Jo, -se quejó el teniente pata chula- pero si yo he sido bueno todo el año, ¿Porqué me hacen esto los Reyes Majos? , no quiero carbón, Que quería una de cuarenta, no, no, mejor dos de veinte- y circundado por el calor mas horrible, aunque no habría podido decir si aquel calor provenía del fuego material o de sus propios sentimientos. Había perdido todos sus alegres colores, tal vez como consecuencia de su peligroso viaje, quizá por la pena. ¿Qué importaba? . Osea, que era por feo por lo que al fuego fue, no por el diablo, que de telepapanatas no tenía nada y lo tenía todo. La culpa la del pintor, que no le hizo los colores azul y rojo a pruebas de estómago de pez. Abrase Bisto el vizco.

Volvió a mirar a la muchachita, y ella volvió a mirarlo, y el soldado sintió que se estaba derritiendo, ¡ que chorrada ¡,¡ ni que fuese de mermelada ¡ , que penita, me ha hecho verter una lágrimita al ver como la bailarina tiritaba, pero logró aún mantenerse firme, fusil al hombro.

Súbitamente se abrió una puerta, y la corriente de aire que se produjo arrebató a la pequeña bailarina, la hizo revolotear en el espacio como una sílfide y luego la arrojó directamente al fuego, junto al soldadito. Una pequeña llamarada, y pluf, cras, kris, todo el cuerpo de la joven desapareció. Coño, Hans, ¿Para que la creaste de cartón? Jate tú que disparate, ni un beso, ni una caricia, ni un acercamiento, ni un roze, ni manitas, ni un piquito, ni una palabra ¡Que crueldad¡ , ¡Que iniquidad! . Adiós flor, adiós amor, a la porra con el camisón, nada de nada.

Para entonces el soldado estaba reducido a un mero bulto. Cuando la sirvienta retiró las cenizas a la mañana siguiente lo encontró en forma de un diminuto corazón. Todo lo que quedaba de la bailarina era su lentejuela, y ésta tan quemada y tan negra como uno de los tizones de la chimenea.

El Ruiseñor y la Rosa

Erase que se era la tercera fiambrera llena de frambuesa que una corneja pendeja le robó a una abuela la mar de resalada que en bata y alpargatas freía una tortilla de patatas a la puerta de su madriguera para llevársela a su hija, una coneja de largas orejas, que trabajaba de azafata en barajas, y para no dar más la lata , en el cuento de Alba me centro.

Una jovenzuela con la cara picada de viruela, soñaba en la ventana con un estudiante de su misma escuela, un cole pa`dultos era, osea, que de jovenzuela nada, más bien, casi abuela, esta tunanta de estudianta estaba pelín colada ada ada y muy enamorada.

- Él me prometió que bailaría conmigo higo higo si le llevaba rosas rojas - murmuró la tunanta- pero en el jardín no vi ni una, claro que, busqué sin gafas.
Un Ruiseñor la escuchaba desde su nido en la encina y se mosqueó un porrón, “¡¡ Que vamos a jo.er el cuento ¡¡ , que es al verres, que es el tío quien tiene que regalar las flores, que tú alucinas a colores, no me snifes pegamento o acabaras jodi Foster los cuentos ¡¡”

-Es que ni una, amos que ni una, ni una rosa roja en este garden de New Aveneu, Cachis en too lo que se menea, AY AY AY que me sabe a calisay, - lloró la tunanta por el vicio con los ojos rojos por el frío y alguna lágrima soltó, si, que lo vio el Ruiseñor- que la felichité dependa de cosas tan tarambanas como una rosa. Yo que estoy aprendiendo a escribir la o con un canuto y ya se decir la m con la a es ma y otra vez hace mamá, y alugo me aleí a toos los filolosofos esos, al tal Hipócrita ese o ¿era Hipócrates? , pa mi que va a ser los primero, que esto último no me suena a ná, y ando leyendo a toos los sabios como el que conduce a los toros en la plazas y lleva rabo, ¿como es ese sabio?, ¿como es?, como… ¡eso es¡, el del anís, el mono, el monosabio, jate tú, yo aleyendo a toas estas gentes y acá ando quejicaándome y suspirando por una rosa. Tienes Güevos la cosa.

El ruiseñor le dijo a la encina, aunque esta, la verdad, por uno le entraba y por otro oído le salía, “Eh aquí una atontolada mamorada, dando too el día la tabarra, ¡¡ Que tía más pesada ¡¡, y no tiene solución, no señor, pues apenas sale el sol, ya va y en la ventana nos da el tostón, desde el Alba ¿No podría irse a otro jardín? , pues no, tenía que ser aquí, pardiez, desde el Alba… hummmmm, Alba y pardiez , ya que tu nombre no sé, ya me lo inventé, je,je”

-Mañana es el fin de curso de la educación de adultos y hay una cena baile por la noche, pa menear el esqueleto -seguía quejándose Alba pardiez-, y allí estará mi amado. Si le llevo una rosa roja prometió bailar conmigo hasta el amanecer, le estrecharé entre mis brazos, él rodeará mi refajo, apoyará su cabeza sobre mi hombro, y su mano en la mía y se clavará una espina. No, no,no, que es un amor, no un mamón.
Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme sola, cual Bridget Jones y él bailoteará delante de mí con la profe de Párvulos, sin ni siquiera mirarme y se me hará una carrera en la media y jo.er, todo por no tener una rosa roja que llevarle.

-Esta es una mujer con síndrome de querer -pensaba el Ruiseñor-. Yo canto como los monjes gregorianos y ella sufre cual si tuviera en el culo un grano; lo que pa´mí es alegría, para ella es ardor de estómago. No cabe duda que el amor es una cosa abominable, más hortera que las pantuflas de Mafalda y más rara que los burros volando. Ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende ni en el Carrecuatro ni se pesa en las balanzas del palacio de Justicia. ¡Que injusticia¡

-El dislloquei pondrá música Rap -decía Alba Pardiez-, y sonará por los cuadrafónicos (que no es que se celebre en una cuadra el baile ni que el dislloquei esté afónico, no, no, nada de eso) y mi amado bailará al son de un guitarra, bailará cual Rudolf Nureyev, el yéyé oh, yéyéyé, tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y mis compis con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarle. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente

-Vaya Ridiculez¡ -dijo la encina al Ruiseñor- y se rió a carcajadas adas adas- llorar por una rosa, los humanos andan mal de la cabeza, y eso que son los pies los que usan para andar.

Pero el Ruiseñor se puso serio y le reprendió sus risas, y se puso a meditar sobre los misterios del amor. Hecho lo cual voló hasta un rosal y le pidió una rosa roja, este le contestó que no, que era puro, cual Norit el borregito y solo daba rosas blancas, aluego voló a otro rosal y lo mismo pidió, sorry, Sir, mis rosas solo son amarillas, del color del té, vete, vete, y se fue, y a otro y otro y ya cansado regresó de nuevo al jardín la tunanta Alba Pardiez, que seguía lamentándose de pie, sobre el alfeizar la ventana, por debajo de la cuala un viejo rosal trepaba, el Ruiseñor que en la ventana se posó a pregunta al rosal.
-Qué mono de pajarito-pensaba Alba Pardiez- si se dejara coger, me lo comería frito.
El rosal le dijo al pajarito que él claro que era un rosal de rosas rojas, pero el frío había helado sus venas y no tenía fuerzas. “Pero yo necesito una rosa roja” “Pues a esperar a la primavera” “No puedo, ¿Qué podría hacer por ti para que me dieras una para mañana?” “Tú vida, con tu sangre en mis venas, yo podría crear una rosa roja” .

El ruiseñor miro a Alba y cantó una linda canción, Alba pardiez tomo papel y pintó al pajarito dentro de una olla, a fuego lento, sin plumas, “canta bien, pero frito seguro que estaría rico” “Pájaro que vuela, mejor en la cazuela” , El Ruiseñor se ofreció voluntario para dar su vida y su sangre por la tunanta, se posó cerca de una larga espina y cantó dulcemente, a Alba las ganas de cocinarlo se le iban diluyendo, la espina del rosal se le iba clavando hacia el corazón del ruiseñor poco a poco, su sangre empezó a correr por las venas del arbusto. Alba miraba al pájaro sin entender nada. En una ocasión le gritó ¡Pájaro tonto, que te estás pinchando¡ . Una rosa empezó a brotar al otro extremo del rosal. La luna salió, Alba no podía dormir, el ruiseñor cantaba, la espina se le iba clavando más y más hacia el corazón, Alba pardiez que lo miraba y .. ¡Ya esta, este bobo es que ve mucha televisión y habrá visto la peli del pájaro espino¡ y la rosa que en la noche se iba vistiendo de color y ¡Zaca¡ llegó el día con Alba a la ventana, el ruiseñor muerto con el corazón atravesado y al otro extremo una rosa roja que Alba extrañada vio con las luces del alba.

Y con ojeras, legañas, sueño, pero con la rosa en sus manos, Alba pardiez acudió a casa de su compi de cole, que jugaba a clavar mariposas disecadas en una tabla
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -exclamó la tunanta-. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
-No hace juego con el traje y corbata -repuso-, Y, la sobrina del noveno C me envió unas entradas para el baloncesto y tú tienes ojeras y legañas.
-Eres un ingrato incorregible -dijo Alba Pardiez y tiró con ira la rosa contra la tabla de las mariposas.
-¿Ingrata? -dijo -. Y tú una grosera. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo Alba pardiez, una estudiante de educación de adultos.
-¡Qué cosa más estúpida es el Amor! -se dijo Alba mientras caminaba-. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía con mi Hipócrita y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.



Pretendía ser una parodia de un cuento, pero poco a poco me iba gustando tanto el cuento real, que me ha costado mucho hacerlo en plan de humor, porque es muy bonito y muy triste, pero como tenía que acabarlo, una vez empezado con él, lo he hecho lo más rápido posible, ya que no me sentía con ganas de darle un toque de humor. De todas formas aquí queda. Cada vez lamento más el haberlo estropearlo de esta forma, así que … para agraciarme con él, os dejo también el original … Es un cuento muy lindo.

EL RUISEÑOR Y LA ROSA

-Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -murmuró el Estudiante-; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
-¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! -repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas-. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
-Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico -se dijo el ruiseñor-. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.
-El Príncipe da el baile mañana por la noche -seguía quejándose el Estudiante-, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.
-Este sí que es un auténtico enamorado verdadero -seguía pensando el Ruiseñor-. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
-Los músicos estarán sentados en su estrado -decía el Estudiante-, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.
-¿Por qué está llorando? -preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.
-¿Sí, por qué? -murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
-Está llorando por una rosa roja -explicó el Ruiseñor.
-¿Por una rosa roja? -exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.
Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.
-Necesito una rosa roja -le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
-Mis rosas son blancas -le contestó-, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le dijo-, y te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
-Mis rosas son amarillas -contestó-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.
-Dame una rosa roja -le dijo-, y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
-Rojas son, en efecto, mis rosas -contestó-; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
-Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el Ruiseñor-; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?
-Hay una manera -contestó el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.
-Dímela -repuso el Ruiseñor-. Yo no me asustaré.
-Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía...
-La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja -murmuró el Ruiseñor-, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?
Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.
-¡Alégrate! -le gritó el Ruiseñor-. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.
El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
-Cántame, por favor, una última canción -le susurró la encina-, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.
Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.
Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.
-He de admitir que ese pájaro tiene estilo -se dijo a sí mismo caminando por la alameda-, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!
Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.
Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.
El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
-¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor -gritó el rosal-, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.
Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
-¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor -gritó el rosal-, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.
Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.
Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.
-¡Mira, mira -gritó el rosal-, la rosa ya está terminada!
Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.
Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.
-¡Caramba, qué maravillosa visión! -exclamó-. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.
Se inclinó por el balcón y la cortó.
En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -exclamó el Estudiante-. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
Pero la jovencita frunció el ceño.
-Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo -repuso-, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.
-Eres una ingrata incorregible -dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
-¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
Y muy altanera se metió en su casa.
-¡Qué cosa más estúpida es el Amor! -se dijo el Estudiante mientras caminaba-. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.

La castita presumida

Erase que se era una pera limonera y por más datos, extranjera, ¡¡ era la repera ¡¡ , caribeña, y una fresa platanera, ésta, europea, y una guindilla picante, esta, de Alicante, ándale vamos pa´lante con el cuento del martes.
Había una vez una nena muy coqueta y con coleta que encontró una moneda durante la feria de Antequera.
Hace un porrón de años, tantos, tantos, que el cuco del reloj de cuco era el ta ta ta ta ta ta ta taranieto del tataranieto del tataranieto del cuco que cuqueaba por entonces, que había una ratita tan hacendosa osa osa que una mañana barría el portal de su casa :
¡Así barría, así, así¡,
¡Así barría, así, así¡,
¡Así barría, así, así¡
¡¡¡¡ Así barríaaaaaaaaaaaaaaaaa ¡¡¡¡
¡¡Que yooooooooooooooooooooooooooooooo
la víiiiiiiiiiiiiiiiii ¡¡¡¡
(Esto es mentira, pues si hacía tanto tiempo es imposibol que yo la viera, además, ¡Qué las ratitas no barren portales¡, ¡¡¡ Ojala ¡!! . No habría que pagar al Emilio de aquí no hay quien viva )
Y barriendo barriendo encontró una monea, ea , Gitana, que tú serás como la falsa monea, que de mano en mano va, y ninguno se la quea.
¡Arsa esa milonga Gitana¡
Con el money money money del Cabaret de Liza Minelli la ratita no sabía que hacer, y se puso a meditar, ¿qué se compraría? ,
… ¿Un ferrari testa rosa?
… ¿Las Torres Kio de Madrid?
…¿La sierra de Gredos?,
No, eso eran vanalidades y además muy baratas atas atas.
Ca, ni modo.
Podría comprarse un cucurucho chucho chucho de caramelos sugus.
nonononono, se le picarían los dientes.
Quizá una escoba nueva, ni hablar, que eso lo comprará mamá,
…¿y un frasquito de colonia? , tampoco que eso se gasta y atrae a las mosca, mosquistos, moscones y otros animalitos menores,
.. asi que lo mejor de lo mejor era un lazito de color rosa osa osa para presumir y hacer rabiar a toas las roeoras del barrio y alrededores.
Ni cortá ni perezosa se lo fue a comprar, se lo probó ante el espejo y se encontró tan preciosa que quiso casarse pronto y enamorar a algún tonto que la quisiese por esposa, ella, nuestra ratita, desde aquel momento, y puesto que quería llegar inmaculada al bodorrio, y rechazaba todo insinuación sensual y sexual, un noviete despechado hizo correr la voz por todo el lugar y la ratita fue conocida a partir de tonces como “la castita presumida”, por pura y casta y pija, porque el lazo rosa era de marca, HASTA TENIA UN COCODRILO engastado en hilo de oro.
Un día, acertó a pasar por su ventana un patoso oso oso, no un oso patoso, ni un pato oso, sino un pato patoso, que al ver a la castita con el lazo alcoste se le hizo la boca agua, y pensó, esta boba es rica y con posibles, le voy a lanzar los tejos y si cuela la vida resuelta, asi que le dijo:
-¿Quieres casarte conmigo, vida mía, linda ratita?
-Quizá si, quizá no, Antes quiero oir tu voz – dijo castita-
La verdad es que lo cuentos son pelin cutres, eh, mira que bobada de condición que le pone la rata al pato para una boda, es que ¡Manda Huevos¡ . Si …, si…., si al menos le preguntara si es conde o marqués, o si la tiene grande y juguetona, ¡pero la voz ¡ , Jo.er. Amos, taría buscando a Plácido Domingo, que si no.
-¡Cua, cua! -respondió el patito.
-¡No, no, más que voz parece un grillo!
Y digo yo, ¿qué malo tienen los grillos?, pa mi que le rechazó porque los patos tienen dos patas y ella era casta y por ende mono, no mono chita de tarzán, no, gamo, no un bicho con cornamenta, sino todo arrejuntado, dos bichos en uno, el mono y el gamo, osea, casta y mono_gamo, al ser jembra castita sería monógama y como el pato era bígamo, al tener dos patas, pues por ello fue el rechaso.
Al otro cacho de rato acertó a pasar por la ventana ana ana (linda niña, aunque pelín alocada) un cerdo, ¡jate tú¡, un cerdo, ni más ni menos que todo un señor marrano, que al verla tan emperifollada pensó que sería toda una gozada verla con él en el barro revolcada, quiso llevársela al huerto para hacerle bajar los humos presuntuosos y remilgados de tan tiquismiquis y pijotescas lady lacitos, más que al huerto, se la llevaría a su pocilga, tan olorosa, tan fecal, tan dulcemente hedionda y se lo propuso sin mas cortapisas.

-¿Quieres casarte conmigo ratita? . Yo te haré feliz, te llevaré a mi casa toda ella perfumadita de brea, de incienso, de jazmín y mil olores.
( … Jugando con la marea te vas, pensando en volver. Eres como una mujer perfumadita
de brea que se añora y se quiere que se conoce y se teme… Mediterráneo.Serrat )
-Quizá sí o quizás no; antes quiero oír tu voz.
-¡Gruñ, gruñ!
-¡Oh, no, no, tus gruñidos son muy fieros!
Castita no era nada pusilánime, osea que no le importaba la fiereza, pero si le gustaba actuar con tacto, muy política, así que por no ofender al mal olor, prefirió hacerlo con los gruñidos idos idos.
Pobre cochino, se fue con el rabo entre los jamones a revolcar sus penas en el lodo.

Llegó rebuznando el asno, y al oir su voz tan ronca, castita presumida le dice que no enseguida. ¡¡ Vaya chasco.¡¡ .
Chasco, que no charco, que es donde el puerco del marrano se anda revolcando.
El asno, desagraviado, no se cortó un pelo y le grito enojado : “Tú lo que quieres, es un Enrique Iglesias, que te cante por las noches y te haga peripecias, Tú lo que quieres, es un tío como Mac Guiver, que te arregle la lavadora con dos cables y un chicle.” , Pues que sepas que si soy asno, asno soy y no caballo y si feo y bajito, pues no me importa ni un pito, pues Shrek el ogro es mi amigo.
¡Que te den, presumida! ¡Qué me piro, vampiro! ¡Contigo…Ni a cruzar el rio!
¡Asi se te destiña el lazito o se te descosa el cocodrilo¡ ¡ La uvas están aún verdes para esta zorra! –Digo, pa este asno. -
Pasa un gato bien plantado, un gato con botas principesco y relamido, trajeado con corbata ata ata, bien peinado y arreglado, alto, galán, de bigotes atusados, un don Juan, y, al oír su voz divina, muy coqueta, castita presumida lo remira y le dice a la primera, sin cortedad:
- Sí, mi vida.
Seráaaaa cursi esta castita presumida. Rechazar a un pato, a un cerdo y a un asno, todos ellos tan decentes y aceptar a la primera a un gato pelagatos. Así son las mujeres. Están a lo que les conviene.

El gato con botas la mira, se hace el interesante que no el interesado y maulla un susurro sibilino, un miaaauuuu, miaaauuu, tan divino que a castita se le erizan los pelos del bigote y el lazito se le resbala cual baba por la ventana a los pies del caballero con calzas de siete leguas.
-Ratita, ratita, amada, si me quieres por marido tienes que darme primero tres besos en el sombrero.
Que raro es el gato este, ¡Besos en el sombrero! Aunque pensándolo un poco, ¿a qué llamará sombrero este gato principesco? ¿Será al sombrero sombrero? . Peró, míiiiiaaaaaale, se lo ha quitado, y ahora lo sostiene entre las dos manos a la altura la bragueta, uy, uy, uy, aquí me parece que hay treta.
Don gato recoge el lazo y se lo ofrece en alto a castita, que lo observa toda prendada, perdidamente enamorada hada hada hada.
-Ahorita mismo bajo, don gato, no se me vaya a ir, a recoger mi lazo, darle un beso en el sombrero y apalabrar el restaurante del banquete de nuestro enlace conyugal, no se vaya caballero.
Y castita, toa nerviosita, que se va pa´l espejo, se maquilla, se peina, se pone colorete, se alarga las pestañas, se pinta los labios, se da sombra en los ojos, se sienta en el sofá a ver la fotonovela de las cuatro, se quita la bata y el chandal y se pone un vestido color gualda, después de ducharse y pasar dos horas en la sauna, apaga el gas, la luz, la tele, vuelve a mirarse al espejo, coge el bolso, vuelve al espejo, se retoca un pelo, vuelve a depilarse, llama por teléfono a su mejor amiga higa higa para contarle lo del gato, vuelve al espejo y han pasado un mes y un día desde que el gato con botas pasó por allí, y este ya lleva gastadas seis de sus siete vidas, atropellado por seis trolebuses mientras espera la salida de castita, y con barba blanca, cuando un día de estos, el gatito oye la puerta abrirse de la casa del segundo piso de castita, y se va a la barbería y vuelve todo elegante ante ante después de pasar por la floristería a por ramo de violetas y por la tienda de chocolatinas para comprar una caja bombones y aún le sobra tiempo para dar la bienvenida ida ida a su linda cosita, que llega dos horas después de abrirse la puerta, pues se entretuvo a rajar con la vecina.

-¡Que guapa estás, ratita¡ ¡Venga, un besito, que después te coloco el lazito en el rabito¡
El gato principesco, abre la boca, la ratita presumida, que asustada pega un brinco porque ve sus intenciones.
-Malandrín, que soy castita, el beso en el sombrero nada más, que es de fieltro. ¡No me seáis fistro de pecador, conde Mor¡
-Dejad al menos que os ponga el lazito en el rabito.
-Uy,uy,uy, no,no,no, por detrás no, por detrás no. Sos muy ladino, minino, muy ladino.

En esto que por la esquina aparece una linda gatita blanca, gatita de angora, meneando sus caderas, moviendo sus pestañas, maullando cual gata en celo, y es que en celo la gata estaba, y el gato de las siete leguas que se me pone cachondo, mira a castita de reojo,
¡¡ Diantres es una rata y yo soy un gato ¡¡

Castita presumida que se da cuenta entonces de todo, demasiado tarde, está indefensa delante de un gato y esta historia mal termina: la ratita castita presumida fue cogida de un zarpazo y, de ella, sólo queda el lazo sobre la pechera de una gata de angora en celo y blanca mientras es cubierta por un gato principesco que ni pa eso se quita la botas de siete leguas.